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¿Tus líneas de producción sufren el síndrome de la tortuga y la liebre?

Como consultor en R&G, paso bastante tiempo viajando para visitar a mis clientes, y los atascos de tráfico se han convertido, desgraciadamente, en parte de mi vida. Es posible que te sorprenda saber que la mayoría de los atascos en autopista están completamente injustificados.

Probablemente tú también te hayas visto retenido en un atasco durante mucho tiempo, avanzando poco a poco, hasta que, de repente, puedes acelerar de nuevo y compruebas que ya no queda ni rastro de la causa del parón. La mayoría de los atascos en las autopistas no los causan colisiones, ni tampoco otros percances aislados, sino que son el resultado de malos hábitos de conducción.

Tiene su explicación. Los conductores impacientes intentan acelerar o evitar el tráfico adelantando coches, cambiando de carril y conduciendo demasiado cerca del vehículo que les precede. Pero si ese vehículo no acelera o no se aparta del carril, el conductor impaciente se ve obligado a frenar. Ese frenazo desencadena una reacción en cadena en los vehículos que vienen detrás, lo que a menudo termina convirtiéndose en un atasco de tráfico sorprendentemente largo, sobre todo si varios conductores se comportan de una manera similar en un mismo periodo de tiempo. Existen en internet muchos videos que ilustran este fenómeno de acelerones y frenazos continuos.

En el fondo, se trata de una manifestación de la fábula de la tortuga y la liebre. ¿La conoces? En esta fábula atribuida a Esopo, una tortuga y una liebre deciden echar una carrera. La salida de la liebre es fulgurante y consigue una ventaja considerable en poco tiempo. Al verse tan superior a la tortuga, decide descansar un rato, quedándose dormida sin remedio. Cuando despierta, ve como la tortuga está a punto de cruzar la meta, pero por mucho que la liebre corre, no llega a tiempo y pierde la carrera. Y así es en la carretera. Por irracional que parezca, si todos condujéramos a una velocidad más lenta pero constante, todos llegaríamos antes a nuestro destino.

 

¿Cuál es la enseñanza de esta fábula? ¿Existe la posibilidad de que suceda exactamente lo mismo en tus líneas de producción?

 

La respuesta a la segunda pregunta es sí. Cuando las líneas de producción se ralentizan o se detienen, tus operadores experimentan la misma impaciencia que los conductores en la carretera. Sabiendo que los plazos deben cumplirse, intentan acelerar las cosas, pero sus esfuerzos para recuperar la producción obligan a la línea a ir más rápido de lo que puede, provocando una nueva parada y volviendo a perder output. Llegados a este punto, los operadores tratan de volver a aumentar la velocidad, con lo que desestabilizan la línea aún más. El resultado es un círculo vicioso donde cada vez se pierde más y más tiempo.

La conducta de los operarios responde simplemente a un instinto natural. Al igual que el conductor que acelera y continuamente cambia de carril en la autopista, no entienden que para poder hacer las cosas más rápido deben reducir la velocidad y mantenerla constante. Curiosamente, me he dado cuenta de que cuando están en vigor las restricciones de velocidad en hora punta, se puede conducir más rápido y más relajadamente que cuando no lo están. Por si esto fuera poco, consumo menos gasolina y desgasto menos los frenos y la caja de cambios.

Entonces, ¿cómo se pueden arreglar los malos hábitos de algunos conductores? Podríamos optar por métodos coercitivos, como impedir conducir a personas con ese tipo de comportamientos. Otra vía es esperar a que Google y los fabricantes de automóviles incorporen en los coches sistemas inteligentes para resolver el problema. Mi opinión es que se requiere un cambio cultural real, emplear un gran esfuerzo en comunicación y sensibilización por parte del Estado y de la Sociedad en que vivimos, aunque no estoy seguro de que este cambio ocurra pronto, por culpa del anonimato que ofrece estar dentro de un vehículo.

Sin embargo, en tu fábrica, la historia puede ser distinta. Ahí puedes ser tú quien decida cambiar esta cultura. Si bien no es precisamente fácil, se puede lograr mediante la adopción de métodos similares a los que se aplican en el tráfico, como imponer un límite de velocidad máximo a mantener de forma estable, que aunque sea inferior a la velocidad máxima, se mantenga siempre constante. A esta forma de operar la llamamos Stable Operations, y en R&G, la hemos aplicado ya en muchas fábricas de diferentes sectores y países con resultados excelentes.

1 Comment
  • Un comentarista de WordPress
    Posted at 15:57h, 06 noviembre Responder

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CHEMA G. OVIEDO – Socio de R&G Global Consultants

“Todo comienza con el cliente, continúa con los procesos y se solidifica con los cambios en el comportamiento”

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Casos de éxito reales

  • Nuestro cliente necesitaba aumentar la capacidad de producción, reducir los costes, especialmente los de mano de obra, y aumentar el margen EBITDA. En definitiva, su prioridad era mejorar la competitividad de la empresa en un mercado cada vez más saturado.

    Sector Lácteo

  • Nuestro cliente había impulsado un plan estratégico de ahorro a medio plazo en 150 plantas que no estaba dando los frutos deseados. Stable Ops implantó una metodología de trabajo común a todas las plantas, redujo los costes, aumentó el margen EBITDA y optimizó los activos disponibles para otorgar mayor fiabilidad y consistencia a su operativa.

    Sector Café

  • La capacidad de producción de nuestro cliente no resultaba competitiva frente a otras empresas que estaban produciendo lo mismo a menor precio, en un mercado ya de por sí bastante saturado. La solución fue encontrada en varias líneas de llenado de briks.

    Sector Lácteo

¿Estás alcanzando la máxima capacidad de producción en tu planta?